Gabriel García Márquez contaba la historia de una lectora de Cien años de soledad que había decidido transcribir la novela íntegramente, como un modo de entenderla. Algo de eso puede considerarse hoy, en que la producción de imágenes encuentra vías más rápidas y eficientes, como característico del acto de pintar. Pintar no es ya solo una forma de producir imágenes, sino una apuesta por dotar a la imagen que se produce de un propósito parecido al de esa lectora de Cien años de soledad. Implica una laboriosa reflexión sobre la imagen que se produce y, por ello, además de la imagen resultante y de aquello que esta pueda representar, entraña una dimensión de profundidad. Liberada de las convenciones que rigieron al género durante siglos, la pintura en esta época no busca ya temas dignos de ser tratados, sino que dignifica y eleva a nuestra consideración aquello que pasamos por alto.Este carácter de la pintura es importante para entender en su correcta dimensión el trabajo de Ivana Ferrer. Los cuadros de esta serie, por ejemplo, presentan servilletas manchadas de café. Una nimiedad, si se quiere, pero el solo hecho de que Ivana se dé el trabajo de pintarlas nos obliga a ver más allá.

Como en trabajos anteriores, Ivana centra su atención en detalles de lo cotidiano, de preferencia aquellos vinculados con el universo de la cocina y la comida, para ver qué se esconde tras ellos. Recopiladas durante meses, las servilletas que sirvieron de modelos para estos cuadros son, quizá, la última huella de vivencias que ya no hay modo de recuperar. En la antigüedad, los poetas cultivaban el tópico del ubi sunt (literalmente “¿dónde están?”), un modo de poner en evidencia lo pasajero de los bienes y logros terrenales, una vez que se traspasaba el umbral de la muerte. Hoy, en que la dimensión moral está cada vez más disociada del tránsito al más allá, ese mismo tópico perdura, pero transformado. Es ahora la simple y terrible constatación de lo que el tiempo nos roba, un ejercicio de nostalgia y, acaso, una puesta en escena de los vanos intentos de la memoria por asir lo pasajero.

¿A dónde van los momentos vividos? Esta pregunta se hace más acuciante cuando se trata de lo pequeño, de lo que pasa inadvertido en el fluir de la cotidianeidad. Y es eso lo que encontramos tematizado en esta serie de Ivana Ferrer. A partir de esas huellas casi insignificantes y tan poco elocuentes, Ivana nos pone frente a frente con la pregunta. Y, tal como en su muestra anterior, pone en escena el juego de los indicios y de la memoria que intenta reconstruir una situación vital a partir de ellos.Una de las acepciones de umbral que consigna el Diccionario de la Real Academia Española es la de valor mínimo de una magnitud a partir del cual se produce un efecto determinado. Así, estas huellas de café devienen en umbrales para la interpretación. Van preñadas de la carga suficiente de significación como para poner en juego la memoria y la nostalgia. Y hacer que nos preguntemos por aquello que en el día a día perdemos.

En su célebre prólogo a la edición de Wilhelm del I Ching, Carl Gustav Jung acuña el concepto de sincronicidad para explicar a los lectores occidentales la lógica tras la conexión entre el método adivinatorio y la circunstancia que intentamos dilucidar. La sincronicidad considera que la coincidencia de los hechos en el espacio y en el tiempo significa algo más que el mero azar, dice Jung. Y añade: Se da por supuesto que la situación constituye una figura legible o comprensible. Algo similar podríamos decir de estos indicios que recoge, atesora y pinta Ivana Ferrer: servilletas dobladas en cuatro y manchadas de café que, al ser desdobladas, cual láminas de Rorschach, activan la recuperación de lo profundamente enraizado en nuestra psique.

El proverbio chino el aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo, ha servido para nombrar uno de los efectos que caracterizan la teoría del caos. De acuerdo con él, un hecho al parecer insignificante e inconexo genera complejas consecuencias. Como el reverso del efecto mariposa, el trabajo de Ivana nos confronta con las pequeñas consecuencias, las únicas que sobreviven al tiempo, de complejos procesos vivenciales. Y nos lanza a la búsqueda del tiempo perdido.

Como el reverso del efecto mariposa. 

 

Carlo Trivelli

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s/t óleo sobre papel 105 x 105 cm

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huellas / umbrales

2013